21 diciembre 2024/2016
“Abrí los ojos y ahí estaba yo con mis ruidosos estornudos saludando al día. Un montón de pañuelos de papel embutidos en una preciosa caja de cartón y uno, saliendo de ella, ofreciéndose. La papelera del despacho, ahora recinto de virus nasales enredados en papel, parecía pedirme que la vaciara. El espejo del baño, como buen amigo, intenta arreglarme el pelo y me lo pinta sobre los ojos … todo un amigo. Me aparto el pelo de los ojos, me fijo en mis pupilas para no herirme, y sin pensar me veo en ese nuevo mundo que supone, siempre, poder empezar un nuevo día … no hay más, ni es poco. Para mí, para muchos es todo.
Pasó la noche … deja que te abrace, día … bienvenido seas, me ha dicho la vida, bajo la atenta mirada de su fiel marido el día.”
Me recordaba una buena amiga-e, hace ya un tiempo, (cuando le mostré este ensayo), que ese abrazo no era precisamente el del que se da en un cielo intangible … pero yo le supe decir que sí en el de cualquier sueño … incluso en los míos en los que la realidad siempre se confunde con la imaginación.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com