29 diciembre 2022
- Eran las Navidades de 1986, me llamaron con urgencia desde la Dirección de la Compañía: "Enrique, tenemos un par de proyectos que solo tú puedes dirigirlos. Empiezas hoy mismo."
- No me dio tiempo de llamar a casa, el avión salía en dos horas y entonces no había teléfonos móviles. De noche, pude conseguir un teléfono en el mismo aeropuerto y se lo dije. Lloramos y reímos, la labor encomendada era un premio, pero la distancia un castigo.
- Me mandaron a la feliz tarea de construir dos grandes complejos hoteleros en ese Paraíso que es la isla de Lanzarote. Casi tres años duró esa feliz aventura en la que aprendí dos grandes e irrenunciables placeres: Hablar con Ella a través de la Luna y a saber lo que es la Eternidad.
- Sólo podía ir a verlos, a los dos, a Ella y al chavalín, los fines de semana. Pura, «dura» y feliz, eternidad, que vive en el recuerdo de quien fue lo que quiso ser.
- Son los sentimientos que se escapan por las grietas de la experiencia, un placer jamás antes sentido, que duele y amarga … endulza y fortalece lo vivido … y te prepara, felizmente, para lo que quede por vivir… son los recuerdos, los sacrificios y el caprichoso y tardío premio al esfuerzo.
- Como escribió Galdós, "No encerrarán entre murallas mi pensamiento. Resido entre estrellas" ... y así me gusta vivir ese feliz premio vital en el que vivo.
PD: Disculpadme, la Navidad alimenta los sentidos del alma
Fuente: etarragof.blogspot.com