Por distintas razones tuve que abandonar este hermoso lugar web y es por ello, que, volviendo ahora con más ahínco y salud que nunca, dada mi imparable decadencia por mi incurable DFEH o DFSH, (siglas en inglés de una incurable enfermedad neurológica de las denominadas raras), y siendo mis viejas entradas consideradas cono Anónimo, reivindico ahora su posesión.
21 septiembre 2016 – 21 septiembre 2014
Mil años después, volví a encontrarme con Fran …
“La quise siempre, Enrique. La conocí con 17 y siempre supe que estaba enamorada de ella. Ella se fue a Niza y allí se casó. Le perdí la pista y pasados diez años me casé con Vicenta la chica mas buena y cariñosa del mundo. La embaracé pero justo cuando lo supimos y cuando más feliz era, apareció ella otra vez en mi vida. Se había divorciado y vino a Mislata, tan solo, (según dijo), para ver a sus padres. A los quince días nos vimos, nos abrazamos, primero, y de ahí nos dejamos llevar. Dejé a mi embarazada mujer y me lié, ardorosamente, con ella. Hoy, casi cuarenta años después, sigo con ella, vivimos aquí, en El Campello, nos ha ido bien y seguimos eternamente enamorados. Tenemos tres hijos y nuestra única pena y penitencia, es acordarme del mal que le hicimos a Vicenta y a su hija que nunca, las dos, me han perdonado. No sé si hice bien, Enrique, pero soy y somos, felices. La vida es cruel y a veces, para que unos sean felices otros tienen que dejar de serlo. Yo decidí ser feliz sin ocuparme de otras consecuencias. “.
… Y Fran, ese viejo y olvidado compañero de mis primeras incursiones en el mundo del ladrillo, nos dejó con el Bacardi- Cola en boca y con la sabiduría y fuerza confesional que siempre ofrece el mundo de la noche. La pregunta que me hago, alguna vez, es la de saber si la felicidad es, solo, cosa de dos.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com