Gerardo Obando Hernandez, camino y vida

 
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Acaba de fallecer mi tío Gerardo y siento en mi alma un vacío que difícilmente se puede llenar; a mis recuerdos vienen, como una ráfaga de sentimientos, instantes vividos en familia; sus palabras, sus gestos, sus abrazos y esa su sonrisa que parecía brotar de su propio corazón. Su sola presencia contagiaba el deseo inmenso de vivir, de brindarnos generosa y cálidamente a cada uno de nuestros familiares. Es que así era tío Gerardo, cálido y espontaneo como pocos seres humanos lo son.

Gerardo Obando Hernandez, camino y vida

Nace en Puerres y desde joven se destaca por su brillantez e inteligencia, por ese don de gentes que siempre lo acompañó y lo distinguió a lo largo de su vida. Un humanista a carta cabal que encontró en el derecho la condición precisa y exacta para ejercer la defensa de la dignidad y el respeto hacia todos los seres, un lector empedernido que una y otra vez nos recordaba que la injusticia no puede prevalecer sobre el espíritu humano y que cada paso que avancemos en la búsqueda de la equidad dejaría profundas huellas en la memoria de la humanidad.

Desde joven viaja a Bogotá en la búsqueda de un mejor futuro para su familia, con grandes luchas, esfuerzos y sacrificios termina los estudios de derecho en la Universidad Libre. Dada su inteligencia es nombrado como catedrático en varias universidades de Bogotá, honor al que renuncia para dedicarse de lleno a litigar y defender a quienes considera víctimas de un Estado clasista. Por más de cincuenta años hace del derecho su estilo de vida, lo vuelve su pasión y su razón de ser.

Personaje inolvidable en tertulias y reuniones, dueño de una charla exquisita y maravillosa que obligaba a escucharlo y extasiarse de sus propias anécdotas e historias. Muchas de ellas de su propia vivencia, de esos momentos en que el pan hacía falta en su hogar pero que nunca fueron óbice para renunciar a sus principios existenciales. Para él lo principal fue siempre su familia, sus esposa, sus hijos. A quienes amó entrañablemente y por encima de toda circunstancia y obligación.

Hay personajes inolvidables e irremplazables, tío Gerardo fue uno de ellos. Sin duda alguna que deja un vacío profundo, pero también nos lega esa capacidad de lucha ante la adversidad, esa manera tan única de entregarse a los suyos, esa exquisita manera de convocar a los suyos y alentarlos en la búsqueda de la plenitud y la felicidad existencial. Sin duda alguna es nuestro referente de humanismo y capacidad de entrega a los suyos.

Descansa en paz viejo luchador, labraste con tus pensamientos un altar en cada uno de nuestros corazones, justamente ahí donde se siembra la admiración y el respeto por la memoria de quienes nos enseñaron que la sangre que corre por nuestras venas es noble y sagrada. Descansa de tus luchas y fatigas, de tus batallas contra la adversidad y la incomprensión. Fuiste un guerrero que nunca entregó sus armas y que siempre puso su pecho para recibir la primera descarga de todo aquello que consideraste injusto e inhumano. La muerte no alcanza a seres como tú, simplemente los transforma en pensamientos que crecen ante el paso de los días y los años. Gracias por enseñarnos que la vida es de los valientes y los atrevidos, por legarnos un linaje labrado con tu propia lucha y esfuerzo.

Permíteme despedirte con las mismas palabras que una vez tú me leíste y que fueron dedicadas a uno de nuestros ilustres hombres, esas, me dijiste, son las palabras que me gustaría se pronunciaran en mi despedida: “Hay memorias que cual roca resisten los embates del tiempo y del olvido quedando siempre incólumes. Nombres que llevando en sí la fama, no son borrados por el ala ligera de la muerte: ellos quedan grabados en el corazón de los que sienten y en el mármol de la propia historia. Para la inmortalidad no hay tumba; ella proclama eternamente a los hijos mimados de la gloria…”. Duerme tranquilo pues en nuestros corazones tu memoria es la roca viva de tu palabra buena y generosa.
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