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17 marzo 2019
Navegar por la imaginación de mis compañeros de fuga en La Huerta es como ir de excursión al Tibidabo en los domingos de mi infancia, incluida la tragedia paterna de como llevarme a hacer un pipí en la cola de la Atalaya pues ya se sabe que en los locales donde frecuentan ilustres veteranos la cosa esa del retrete es tan necesario como el carajillo de anís, la porra de lo que sea y/o el proceso de como seguir sin babear el marchoso contorneo de la bella y juvenil sesentona que sirve los “cafés” en el Ateneo.
Lourdes o la Parisina, que es como gusta ser llamada, cuenta y no acaba sobre sus aventuras y amoríos cuando en los 60 estuvo en París de camarera en “Les Deux Magots” …“Eso sí era libertad, Enrique y no lo que teníais por aquí que os mandaban a Perpiñán o al mismo Lourdes para desahogaros” – Lo de Lourdes es cierto, le digo yo, tímidamente, a la Parisina, los bares de copas y alterne son una plaga … lo sé porque yo iba allí de muy pequeño … mi Madre ya me llevaba por si acaso. Ella, la Parisina, sin apenas levantar cabeza, susurra … “Tuve un novio pintor que me hizo entender lo que era el amor, la belleza del cuerpo … y la infidelidad como modo de vida relacional. París es … París es otro mundo, Enrique” … y mi amiga, mirándome a los ojos, se chapó de un trago su segundo “café” de hoy.
Más adelante, ya en plena rúa, me agarro a una de esas sabias y viejas paredes de cualquier calle de La Huerta para que me cuente lo que sabe; luego me inclino ante la deteriorada imagen de La Virgen que vive en lo alto del muro de la Casa de Los Murientes, que eran los ricos propietarios de todas las casas alrededor del cementerio, ahora chalets de vanguardia, y al final rezo para encontrarme con uno de esos viejos y olvidados habitantes del agro más ancestral para que me cuente una de esas mil historias que sabe y que sin duda se llevará a la otra vida sin que nadie sepa de ella, de ellas y de él …
En mi largo paseo de hoy, (parándome cada 15 pasos), del que solo cuento dos pasajes, descubrí que la libertad de culto no es sólo un asunto que se limite al ámbito religioso como equivocadamente creen casi todos los que pretenden dirigir nuestra educación, sentimientos y modo de vida … la libertad de culto es algo que nunca existió – el poder tiene color religioso – el verdadero solo vive en el olvido … y en nuestra imaginación … eso nunca nos lo podrán quitar y a mi, cada vez más, en contra de todos los pragmatismos que siempre condicionaron mi vida y la forma de entenderla, quiero perseguirla hasta el fin.
Cuidaros, amigos, la realidad nos acecha … sed felices mientras podáis, mientras os dejen, luego, cuando empiezan los achaques, cuesta más.
Fuente: etf1949.wordpress.com