05 noviembre 2018
Te sientes desprotegido, ignorado, al mundo cercano le resultas indiferente.
Piensas en como tú admirabas a tus viejos y … no, no es lo mismo, no te sientes, ni te sientan, en el mismo lugar.
Crees, en un mal interpretado amor propio, que lo peor será para ellos, sí, para los que no saben apreciarte y, al final, extraña y cruelmente, te da asco haberlo pensado.
No sabes muy bien si lo que tienes es ese dolor que te mata sin que nadie se de cuenta, ni quieres contarlo para que no te conviertas ante ellos en un ser molesto, o si es, realmente, el alma la que se rebela al no sentir el calor que esperabas recibir de tu más cercano mundo.
Te das cuenta que de tus 2.489 contactos de Outlook, de tus 89 de Wasap y de tus tropecientos del Twitter, Linkedin o del Facebook, solo tienes tres amigos a los que pedirle que te llevaran al Hospital para un último suspiro en un caso de emergencia suprema.
Pero cuando todo este panorama escénico, (terrorífico), se presenta ante ti como moneda creciente minuto a minuto, día a día, año a año, te das cuenta que te queda lo más importante cuando la miras a Ella, sí, a ese ser que te ha llevado en volandas toda la vida, acariciando y amparando tus éxitos, tus problemas, tus defectos y hasta las buenas virtudes que tú crees tener, sí, te das cuenta que sin Ella no hubieras sido nada, te das cuenta que tu vida sin Ella no habría existido … que la vida no vale, ni ha valido nunca nada sin Ella .
Por eso, a veces, muchas veces en estos últimos meses, me pregunto lo inevitable ... ¿Qué haría yo sin Ella?
Fuente: etf1949.wordpress.com