13 septiembre 2017
Uno de mis mejores amigos me contaba ayer que no entendía muy bien el comportamiento humano de las personas, de los amigos, de la gente del poder, de la Sociedad … me decía que no entendía por qué la gente se aburría tanto; que se había perdido el valor de los sentimientos, de la vecindad, del concepto de la familia, de la literalidad de la razón; que el mundo se hizo una caverna y las cavernas del olvido un refugio para ascetas de la locura colectiva que sufre esta Sociedad.
Mientras recordaba y escribía lo que ayer me contaba Juan, ahí junto al mar, sentados ambos en el banco del Paseo de la Playa, ambos con la mirada en el horizonte, recordé la parte final de las lágrimas de su cruel discurso lo cual hizo, tras una pausa durante la cual se quedó inmóvil como esperando una bendición y dijo una frase que me hizo entender todo el contenido del néctar de sus lágrimas, fue una frase de Indira Ghandi … Con el puño cerrado no se puede dar un apretón de manos.
Milagrosamente, mientras terminaba de escribir este latiente relato y como si alguien muy querido me hubiera podido oír, en los altavoces de mi vieja discoteca empezó a sonar ese inolvidable “O mio babbino caro”…
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com