Le Marais Paris 1957 - Fotografía de Inge Morath
31 agosto 2018/2017
– Es como si el diablo no existiera, como si todo el mundo hubiera decidido trasladarse a Malasia sin avisar. Parece que hasta el cielo fuera más azul y la hoguera no tuviera llamas.
– Todo parece anormal, incluso los orgasmos de mi vecina ya no son lo que eran, ya no se la oye gemir ni suspirar con el “más y más”.
– Los telediarios ya vuelven a ser lo que eran y mi joven socorrista ya se le va poniendo la cara que ponen los de la cola del paro.
– ¿Y qué pasó? ¿Han tirado desde una avioneta de reparto la de neutrones?
– Pues NO, Enrique, NO, lo que pasa es que ha llegado el final del verano y el personal vuelve a sus penitencias, a sus misas y a sus rutinas, pero yo, sin miedo alguno, volveré a perseguir a mis molinos de viento sin piedad hasta que mi luz se convierta en penumbra y mi sexo deje de ser solo un colgajo.
– Adiós verano, adiós, no te añoraré esta vez, pero lucharé para que esos desaprensivos que todo lo quieren cambiar, te dejen volver, aunque me vaya la vida en ello.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com