14 mayo 2018
El era un emocionado amante del mundo del agro, se cobró el primer surco al heredar la pequeña finca que le dio sustento a toda una vida a sus padres y costeó sus estudios en La Capital, pero contemos sus inicios:
Sus noches en la estudiantina le hicieron famoso en el barrio más viejo y golfo de lo que él llamaba la Gloria, La Capital; en esa época se enamoró de ella, una estudiante de químicas, alma bella como la de un ángel y cuerpo excelso como la Diosa de un amor de ensueño … varias noches de pasión sin reservas le aportaron un embarazo no deseado a su regalada vida y eso le hizo variar el rumbo; dejó los estudios, se fue a vivir con ella en un piso que el padre de ella tenía en un barrio alejado del centro y consiguió un empleo de camarero en un bar de copas de las afueras, donde más tarde ascendió a portero de control del derecho de admisión del mismo local; allí se lió con todo lo que se movía alrededor suyo que llevara falda-cinturón y aunque no ahorró mucho, consiguió con sus ingresos y algún favor, sobrevivir él y su querida Fina, a esa dura e inmadura etapa; ella acabó sus estudios y enseguida encontró curro, mientras tanto él era el chuloputas de la noche … ese contraste empezó a crearle problemas a él y a su nefasto entender sobre la existencia del alfa macho protector … a ella, nunca, ella lo quería por encima de cualquier otra condición; él acabó dejándola, se fue a Marruecos y allí se hizo domador de semillas y un gran agricultor; esnifó, hizo de todo incluso de lo que no es bonito, se lió con la señora de un Comandante de Ceuta y hasta estuvo a punto de conseguir la nacionalidad marroquí … pero no pudo ser lo que no era … los recuerdos de su frustración fueron, siempre, con él; adoraba lo que dejó y un buen día, al morir su Padre, dejó todos sus logros en el marroq, vendió lo que pudo y decidió volver … ya tenía 44, pero pensó que necesitaba volver y lo hizo …
Claro, lo que he contado no son sólo sus inicios, pero para mi lo son … ahora me importa el final … lo que hoy me ha contado …
“Hace de ello, ya, más de veinte años, Enrique, la inmadurez nos destruye y nos da vida, solo el tiempo sabe entender tanta ingravidez. Volví, le pedí perdón aunque él, mi hijo, nunca me lo haya perdonado, pero ella sí … ella me seguía queriendo y yo siempre quise creerlo. Me fui, los abandoné porque no fui capaz de asumir mi fracaso cómo hombre … ¡qué error! … ella, cuando me vio volver, me abrazó y me dijo … no digas nada, solo quiero saber si me quieres … Asumí la responsabilidad que me sirvió de excusa para volver, me hice cargo de la finca de mis Padres, la hice grande, compré muchas más y hoy, a mi modo, soy el Rey de La Huerta … mi hijo me ha perdonado y a ello me ha ayudado, ahora, su necesidad de futuro, claro, pero a mi me vale, quizás algún día me entienda. Fina sigue trabajando, solo tiene 61, y yo ya solo espero que llegue a casa, a la que nunca debí dejar y a que tenga un día libre … como hoy, para estar con ella, aunque sea para acompañarla al Mercadillo”.
Viajar por La Huerta es, siempre, un placer … oyes historias para un mejor dormir y un inesperado entender de lo ininteligible.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com