....................................... Fotografía de … Sergio Larrain
15 abril 2018
Bajar por encima de esas viejas, planas, y bien colocadas piedras, y saber que allí yacían soportando el paso centenario de miles y miles de animales de tiro y carretas desde “quiensá” cuanto tiempo, me impresiona, siempre, imaginarlo …
Vi a María en la puerta, pensé que debía decírselo, pero que quizás me faltara valor. Yo tenía 7 años y ella, entonces, a sus 33 me parecía muy vieja, muy seria y extremadamente rígida. Yo venía de verla a ella saltándome todas las normas de la casa, había entrado en las cuadras solo, me puse los zuecos para andar por encima de esos asquerosos y resbaladizos suelos y me fui a abrazar a mi querida Rosa, que era mi ternera favorita. Ella, Rosa, (tenia una curiosa mancha rosa en su blanca piel), era rebelde e indómita, nadie podía acercársele, pero a mi me dejaba que la tocara, que la abrazara y que la besara en su piel … como niños que éramos los dos. Había ido a pedirle que fuera mi novia pero no me atreví … tampoco me atreví a decirle a María que había estado allí, con ella, con Rosa …
María, al verme llegar por esa cuesta, dejo la escoba, me miró … me abrazó y, mientras esbozaba una rara sonrisa, me preguntó: “¿Has hecho algo, Enric?” – Noooooooo – contesté. Entonces María, que era una guapísima “anciana”, me atrajo hacia sí y me dio un fuerte y largo abrazo y, después, me dijo; “No me importa que me engañes, Enric, pero debes aprender algo hoy, si alguna vez lo haces … que sea por amor o por una causa noble” …
Entonces creí que ella, María que era la venerable dueña de la casa de L´Alou de mis amores, donde cuidaban de mi asma infantil en los 50, perdonaba mi pecado por amor a mi Rosa … hoy, casi 60 años después, pienso lo mismo.
Fuente: etf1949.wordpress.com