21 marzo 2018
– Me decía esta madrugada, mi querido Párroco y amigo, que lo más difícil de superar por la moral de nuestra condición humana es el de dar el paso en que nos convertimos en nuestra propia sombra.
– Cuando mi querido y admirado cura terminó de contarlo – mientras yo le echaba el diente a las pastas de doña Virtudes – reclamó mi atención con su mirada… y cuando lo consiguió me dijo: “¿Has entendido algo mi ecléctico y a veces pragmático ladrillero con carrera?”
– Yo, algo aturdido, le contesté como suele hacer cualquier político con poder vigente cuando se siente acorralado, es decir, a la gallega: “¿Tú que crees, querido amigo y sincero siervo de Dios?”
– No hubo más, Nietzsche no estaba allí para escucharnos y por tanto seguimos hablando y pontificando sobre las cosas de comer, de usar, de sentir … las de la vida de la gente sencilla que no busca frío en el calor, ni lo contrario … gente que, a cierta veterana edad, deja que su alma sea arrastrada por el viento hacia donde se le antoje a él, (al viento), hacia donde haya vida, emborrachándose con ella, (con la vida), sacándola a bailar en cualquier escenario y amándola más que nunca la amó, como debiera haber sido siempre.
Fuente: etfreixes.blogspot.com.es